Publicado hoy en La Huesuda y Quadratín
Finalmente llegó la fecha esperada. La noche de éste jueves 20 de octubre se llevó a cabo el debate entre los candidatos a la gubernatura de Michoacán. De acuerdo con el sorteo previo, las participaciones se llevaron a cabo en el siguiente orden: Fausto Vallejo Figueroa, del PRI-PVEM; Silvano Aureoles Conejo, del PRD-PT-Convergencia; y Luisa María Calderón Hinojosa, del PAN-PANAL.
Antes que nada hay que señalar que el formato establecido por el IEM, de preguntas previamente seleccionadas y otorgando a cada uno de los candidatos dos y medio minutos para intervenir y un minuto para la réplica, no es el más idóneo para que se genere un verdadero debate. La rigidez del formato no permite que los participantes se explayen en determinados temas ni que se cuestionen entre sí. Pero ese es el modelo de debate que se ha adoptado en este país desde aquél célebre encuentro entre Diego Fernández de Cevallos, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Ernesto Zedillo Ponce de León en 1994.
Mis impresiones sobre la actuación de los candidatos en el debate de anoche, en orden de aparición. Fausto Vallejo: ya sabemos que su fuerte no es hablar en público (recordemos aquélla ocasión en que se hizo bolas llamando varias veces presidente municipal a Felipe Calderón). Y sabiéndolo también tanto él como su equipo, utilizó una estrategia de “administrar” sus intervenciones. Cuando pudo, como en la apertura y en el cierre, recurrió mejor a leer que a improvisar lo que tenía que decir. En otras ocasiones no aprovechó el tiempo de que disponía y terminó antes del lapso disponible. Su línea discursiva se centró en criticar, sin llamarlos por su nombre, a los gobiernos perredistas del estado. Sólo se refería a “los últimos diez años”. Así que fue congruente con su llamado a la reconciliación de los michoacanos, pero dejó la impresión de que no fue al fondo de las cosas.
Silvano Aureoles: muy mal. Careció de asesoría profesional y si la tuvo no le hizo caso. Se le vio muy nervioso durante tres cuartas partes del tiempo, con los labios blancos y con dificultad para expresar sus ideas. Cuando las cámaras los tomaban a los tres, él era el más inquieto, se tomaba la cara, se ajustaba el saco, bebía agua, en fin, no sabía cómo controlar su nerviosismo. Al final ya se le vio más relajado, hasta con una sonrisa de condescendencia hacia lo que iba a decir Luisa María sobre el campo, su tema. El hecho de que aprovechara sus intervenciones para lanzarse contra Fausto indica que efectivamente lo que dicen las encuestas es cierto: que se encuentra en tercer lugar y que para avanzar lo primero que tiene que hacer es alcanzar al segundo.
Al final, creo que la que salió mejor librada fue Luisa María Calderón. En primer lugar, se le vio menos nerviosa y con mucho mayor soltura que sus dos contrincantes, su lenguaje corporal denotaba confianza. En varias de sus intervenciones demostró que conoce la problemática y que cuenta con propuestas para solucionarla. Y en general se le vio más articulada a la hora de exponer sus ideas. Desde luego que también tuvo fallas: una muy notoria y que no fue explotada por sus adversarios se produjo cuando mencionó que “hace unos días viajando en un taxi el taxista le comentó…” ¿Sí? ¿Pues qué clase de auto de alquiler sería para que la señora Cocoa cupiera en él con todo su séquito de guardias del Estado Mayor Presidencial? Otro aspecto notorio fue que quienes la prepararon para el debate están formados en la escuela norteamericana: en casi todas sus intervenciones hacía referencia a personas concretas, poco importa si existen o no; así, nos habló de la señora flaca de Tlalpujahua, del niño de la colonia Tierra y Libertad, del taxista, etc. Y al final salió con un golpe efectista tipo Diego Fernández de Cevallos, al mostrar el acta que supuestamente demuestra que Fausto es ejidatario en Chiquimitío. ¿Y? Con ese hecho lo único que demostró es que ella también considera que el hombre a vencer es Fausto.
En resumen, no hubo novedades ni diferencias significativas con lo que han venido planteando a lo largo de los cincuenta y un días que llevan en campaña. Por tanto, no creo que los ciudadanos vayan a modificar el sentido de su voto por lo observado en este debate. Sin embargo, habrá que esperar lo que indiquen las encuestas post debate pero, sobre todo, lo que tengan que decir los ciudadanos en las urnas el próximo 13 de noviembre.